Artículo
Por qué mi blog en WordPress no tenía visitas
Categoría: Infraestructura y DevOps · Fecha: 2026-04-12
Etiquetas: WordPress, Google Search Console, SEO, Indexación, Sitemap
El otro día me dio por revisar las visitas de mi blog, En la línea de ensayo, y me encontré con una realidad bastante simple: el tráfico era muy bajo. Algunas visitas directas, algo de movimiento puntual y poco más. Al ver esos números, lo primero que pensé fue si de verdad me compensaba seguir. Si merecía la pena buscar información, dedicar tiempo, documentarme y sacar adelante yo solo un proyecto en el que publico al menos tres artículos por semana, además de todo lo que ya tenía escrito, para un público que parecía reducido a nueve personas mal contadas.
A partir de ahí hice la comprobación más básica. Probé a buscar en Google palabras clave relacionadas con algunos de mis artículos más recientes, como “David Pocock”, “Australia” o “rugby”, e incluso alguna frase completa del contenido. Mi web no aparecía. Entonces fui un paso más allá: copié la URL completa del blog y la busqué directamente. Para mi sorpresa, tampoco salía.
Ahí fue cuando entendí que el problema no era solo tener pocas visitas. La cuestión de fondo era otra: quería saber si Google estaba mostrando realmente mi web, si había indexado sus páginas y qué estaba fallando en el proceso.
Hasta ese momento no tenía una idea clara de cómo comprobarlo de verdad. Una cosa es intuir que tu web no está apareciendo y otra distinta saber qué ve Google exactamente. Ahí fue donde entró en juego Search Console. Más que una herramienta “de SEO” en abstracto, en ese momento me sirvió como un panel de diagnóstico: para ver si la web estaba verificada, si había páginas indexadas, si Google podía leer el sitemap y si el problema era de visibilidad, de rastreo o de indexación.
Verificación y primer diagnóstico
El primer paso fue añadir la web a Search Console y verificar que realmente era mía. En mi caso lo hice con el método del archivo HTML, subiéndolo al servidor hasta conseguir que Google lo reconociera correctamente. Una vez dentro, llegaron los primeros datos de verdad: la herramienta mostraba cero clics desde búsqueda, cero páginas indexadas y una página excluida por una etiqueta “noindex”. Ese fue el primer susto serio, porque durante un momento pensé que el problema estaba ahí y que, sin darme cuenta, había estado diciéndole a Google que no mostrara la web.
Sin embargo, al revisar la portada con la inspección de URL, la situación cambió por completo. Search Console ya indicaba que la página principal estaba en Google y que estaba indexada correctamente. Eso me hizo entender algo importante: el aviso del “noindex” no reflejaba necesariamente el estado actual de la web, sino un rastreo antiguo que Google todavía mostraba en el informe general. En otras palabras, la portada ya no estaba bloqueada; el problema real parecía estar en otra parte.
La revisión de una entrada concreta
Para salir de dudas, decidí revisar una URL concreta en lugar de quedarme solo con la portada. Elegí una entrada reciente, la de David Pocock, y ahí apareció una imagen muy distinta: Search Console decía que esa URL no estaba en Google, que no estaba indexada y, además, que Google no la reconocía. Ese dato ya cambiaba bastante el diagnóstico, porque no hablaba de una penalización ni de un bloqueo directo, sino de algo más simple y a la vez frustrante: había páginas del blog que Google todavía ni siquiera había llegado a procesar de verdad.
Comprobaciones técnicas básicas
A partir de ahí tocaba comprobar si el problema era técnico o simplemente una cuestión de tiempo. Revisé el sitemap del blog y comprobé que existía, que WordPress lo estaba generando y que esa entrada concreta sí aparecía dentro. También revisé el archivo robots.txt, que no estaba bloqueando los artículos, y miré el código HTML de la entrada para descartar un noindex activo o una etiqueta canónica mal puesta. No encontré nada raro: la URL era indexable, estaba publicada y se estaba señalando correctamente a sí misma como canónica.
Después de todas esas comprobaciones, la conclusión fue bastante más tranquila de lo que parecía al principio. La web no daba señales de estar rota ni de tener un bloqueo técnico serio. La portada ya estaba en Google, el sitemap funcionaba, el robots.txt no impedía el rastreo y la entrada que había revisado no llevaba ninguna orden de exclusión. El problema parecía estar más en el ritmo con el que Google estaba descubriendo y procesando los artículos que en un fallo grave de configuración. No era la mejor noticia posible, porque no significaba una solución inmediata, pero sí al menos una certeza importante: no estaba trabajando a ciegas ni publicando sobre una web completamente invisible por un error mío evidente.
Qué me dejó todo esto
Mirar todo esto no me resolvió de golpe el problema del tráfico, pero sí me sirvió para entender algo básico: una web puede estar publicada, verse bien, tener contenido constante e incluso recibir alguna visita, y aun así no estar siendo descubierta por Google como uno cree. En mi caso, el golpe no fue solo ver pocas visitas, sino darme cuenta de que buena parte de la pregunta correcta no era “por qué no entra más gente”, sino “si Google está mostrando realmente lo que publico”. Y solo cuando empecé a comprobar eso con datos, en lugar de con impresiones, empecé también a entender en qué punto estaba de verdad el blog.
Desde un punto de vista técnico, este proceso me dejó varias comprobaciones claras. La propiedad estaba verificada en Search Console, la portada ya figuraba como indexada, el sitemap existía y estaba accesible, el archivo robots.txt no bloqueaba el contenido y la entrada revisada no presentaba ni noindex ni una canonical incorrecta. Es decir, no había una señal clara de bloqueo grave, sino más bien un problema de descubrimiento e indexación parcial. Dicho de forma simple: la web estaba publicada y era rastreable, pero Google todavía no había incorporado con normalidad parte de sus URLs al índice. En resumen, la web no estaba perdida en combate, pero Google tampoco estaba poniendo demasiado de su parte.
Y en lo personal, todo esto me sirvió para bajar un poco del desánimo inicial. Ver pocas visitas y pensar que escribes para casi nadie puede hacerte cuestionar rápido si merece la pena seguir, sobre todo cuando detrás hay horas de lectura, búsqueda de fuentes y constancia semanal. Pero al menos entender qué estaba pasando cambió una parte importante de esa sensación. Ya no era solo frustración o duda, sino un problema concreto que podía observar, seguir y revisar con algo más de criterio.
Y, por cierto, si has llegado hasta aquí y te apetece entrar en mi blog, te agradezco la visita: En la línea de ensayo.